

La utilidad en los hábitos de estudio constituye un punto importante por no decir vital en la larga vida de un estudiante.
Un ejemplo impropio y de malos hábitos se vería recogido en la vida de una persona que sólo hiciera una comida a la semana, en ese caso tendría que engullir en unas pocas horas unas cantidades ingentes de comida: más de 4 litros de leche, más de un kilo de carne, otro tanto de pescado, muchas cantidad de fruta, legumbre, agua, etc. Pensemos que lo mismo sucede con una persona que tiene que estudiar todo un trimestre en un solo día.
Lógicamente cualquier organismo se indigestaría con dicho atracón, pues lo mismo le sucede a nuestra cabeza cuando le pedimos que asimile y memorice en unas pocas horas lo que tendría que haber ido asimilando poco a poco.
Nuestro cerebro al igual que el resto de nuestro organismo tiene un proceso y un ritmo de funcionamiento que debemos respetar en la medida de lo posible. Por lo tanto de esto deducimos que nuestra dosis de estudio debe ser continua y dosificada, nada de atracones.
En cualquier tipo de aprendizaje intervienen tres elementos de vital importancia:
1. Querer: factores de motivación
2. Poder: capacidades personales
3. Saber: técnicas de trabajo
Los momentos de estudio los elegimos muchas veces de un modo arbitrario, cuando no debería ser así, sino que deberíamos fijar de antemano las horas que le vamos a dedicar al estudio y concretar qué horas van a ser esas.
Para reducir las penalidades de la concentración no hay mejor solución que fijar un lugar y unas horas concretas para el estudio. Esa forma tan estructurada de estudio evita que el estudio se convierta en algo anárquico sobre lo que no podemos imponer un orden fijo.
Quien estudia mal, aprende mal. Además tienden a aprender demasiado lentamente, como un goteo de agua incesante pero que nunca termina de llenar el vaso.
Los atracones de semejante tipo no benefician ni a la capacidad ni al trabajo de todas estas personas que parece como si se les indigestara todo lo estudiado hasta el momento. Es como si tratáramos de que una persona sedienta abriera la boca hasta tal límite que le permitiera ingerir de golpe agua desde una manguera de 100 litros por segundo. Lógicamente si una persona tratara de hacer eso, lo único que conseguiría es ahogarse, por lo tanto eso mismo les sucede generalmente a las personas que tratan de hacer lo mismo con los estudios.